Lengua y Tierra

Lengua y Tierra

El diario La Tercera publico ayer jueves 25 de febrero un editorial relativo a la marcha por la oficialización del mapuzugun, realizada en Temuko el viernes de la semana pasada. El diario, propiedad de Copesa S.A., primer grupo de prensa de Chile, que nadie podría catalogar como progresista ni menos todavía como de izquierda, se muestra sin embargo favorable a la oficialización del mapuzugun en la región de La Araucanía. «El permitir que el mapudungún sea reconocido como idioma oficial ayuda en el propósito de mantener vivo este idioma y es una acertada manera de avanzar hacia el reconocimiento de los pueblos originarios», sostiene el editorial, antes de recordar que «la Contraloría ya dictaminó que el gobierno regional de La Araucanía puede establecer al mapudugún como lengua oficial, y su concreción sería un paso positivo». No sabemos por qué misteriosa razón el editorialista pone como ejemplo a Australia en este terreno, aunque es probable que confunda con Nueva Zelanda que, efectivamente, tiene por oficiales a la lengua inglesa y a la lengua maorí.

Tanta apertura y altura de mira frente a una demanda mapuche no deja de sorprender, viniendo de la derecha. Y es que, en realidad, la preocupación de La Tercera no es la revitalización del mapuzugun, ni la reparación de las injusticias cometidas contra el pueblo mapuche por el Estado chileno a lo largo de la historia, sino que servirse de la reivindicación en torno a la lengua para «descomprimir una situación que requiere miradas más amplias que la simple y polémica entrega de tierras». En otras palabras, oficializar el mapuzugun en la región como medio para neutralizar y no responder a las demandas de las comunidades por la devolución de sus tierras robadas y usurpadas.

Se ilusionan quienes piensan que se pueden «descomprimir» las demandas territoriales dando satisfacción a las demandas en torno al mapuzugun, la lengua a cambio de la tierra. Ambas son legítimas demandas mapuche, y jamás podrá el Estado pretender satisfacer una para poder negar más cómodamente la otra. Las tierras mapuche son irrenunciables. Si el Estado quiere descomprimir la situación en el conflicto en Wallmapu, que las restituya.

Pero, para la Tercera, este no es único provecho que se lo podría sacar a una oficialización del mapuzugun. También puede servir para introducir una cuña en el movimiento mapuche, para dividirnos entre «pacíficos» y «violentos», entre quienes estarían por recuperar las tierras y los que estarían por recuperar la lengua: «Cabe destacar que la marcha en Temuco fue un acto completamente pacífico […]. Este tipo de manifestaciones […], marca un claro contraste con aquellos sectores radicalizados que han recurrido a la violencia para hacer valer reivindicaciones indígenas». Hablemos de violencia…

Con violencia no solo nos quitaron las tierras, con violencia también se ahogó a nuestra lengua. Al mismo tiempo que nos despojaba de nuestras tierras declarándolas fiscales, el Estado imponía, a través de la escuela, el castellano a las jóvenes generaciones. En la época se decía que «la letra con sangre entra». En el caso de los niños mapuche, monolingües mapuzugun, fue además el castellano el que entró con sangre, acompañado del cortejo de burlas al uso del idioma y la discriminación. Cuando colonos y latifundistas asesinaban, quemaban las ruka de nuestros abuelos, robaban nuestro ganado y se apropiaban de las pocas tierras que nos había dejado el Estado a través de los llamados «títulos de merced», en las escuelas e internados de las misiones católicas se prohibía a los niños hablar mapuzugun.

Si el editorialista constata que la marcha por el mapuzugun «gozó de amplio respaldo en la población», puede estar seguro que ese mismo amplio respaldo existe para las reivindicaciones territoriales. Dudamos que algún reportero de La Tercera hubiese podido encontrar en la manifestación por la oficialización de la lengua mapuche alguien, mapuche o chileno, que no sea solidario con la movilización de las comunidades por recuperar las tierras usurpadas, que no esté de acuerdo con las reivindicaciones territoriales mapuche. Entre quienes marchaban por la defensa y la revitalización del mapuzugun también habían que habían sufrido la represión en carne propia, en las movilizaciones de sus comunidades por recuperar sus tierras.

La Tercera busca colocar dos reivindicaciones centrales para el movimiento mapuche en dos carriles separados. Pero se equivoca. La pérdida de las tierras y la pérdida de la lengua forman parte de un mismo proceso histórico: la invasión y colonización del Wallmapu, que conlleva nuestra minorización en nuestro propio país. La violencia colonial, la pobreza y la escasez de tierras empujarán, a partir de los años veinte del siglo pasado, a la emigración fuera de Wallmapu, reforzando así la minorización en el País Mapuche y dando origen a una diáspora que no podrá reproducir la cultura, perdiéndose el idioma ya a partir de la primera generación.

La expoliación material de la que hemos sido víctimas como pueblo va junta con la asimilación lingüística y cultural. Recuperar nuestro territorio y nuestra lengua es parte del mismo weychan. Cualquier maniobra, cualquier intento de manipulación en el sentido de utilizar la oficialización regional del mapuzugun como una compensación respecto a la deuda territorial que tiene el Estado, o para dividir al movimiento mapuche, está condenada al fracaso.

Wallmapuwen

Temuko, Wallmapu 25 fewreu konchi küyen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *