Nueva constitución: Nuevo pacto político social

Nueva constitución: Nuevo pacto político social

Por Rosmarie Lopez Canuman, Cientista Politica, miembro de Kom Wallmapu

El modelo político social vigente ha ido deteriorándose y ha llegado a un punto en el cual se hace necesario un cambio, una revitalización de las relaciones socio-políticas de los ciudadanos de este país. He aquí donde nace la necesidad de generar criticas al modelo, que si bien existen desde su nacimiento, deben ahora tomar mayor relevancia y, con esto, entregar ideas y directrices claves que puedan reemplazar la actual Constitución Política y actualizar sus formas de participación y convivencia ciudadana.

El movimiento mapuche no queda fuera de esta crítica y, al igual que los movimientos sociales, consideramos que la Constitución es un obstáculo para el desarrollo de reformas políticas, sociales y económicas que hagan de Chile y Wallmapu sociedades más democráticas, más justas y más igualitarias, entre otros aspectos; debido a:[1]

a) La Constitución da sustento a un régimen electoral y de partidos políticos que excluye de la toma de decisiones a todas las «minorías» (pueblos indígenas, colectividades sociales, regiones, movimientos políticos minoritarios, etcétera) a pesar de las modificaciones al sistema binominal. Mencionar que pese a la reciente posibilidad de creación de PARTIDOS REGIONALES, su permanencia se ve amenazada por el financiamiento, ya que todo indica que solo los partidos nacionales tendrán financiamiento estatal y a la reciente discusión de los partidos tradicionales a cerrar la posibilidad a conformar partidos regionales.

b) La Constitución ha consagrado la economía de mercado con un profundo impacto ambiental y social en Wallmapu, principalmente como efecto de la imposición de un modelo económico extractivista (forestal, hidroelectricidad, etcétera). Hoy la ciudadanía asume las consecuencias de ello, un ejemplo es que no hay agua para consumo en zonas rurales de la región como Galvarino, Chol Chol, Padre las Casas, etc., la tierra se ve erosionada siendo casi imposible recuperarlas para cultivo y además de que las empresas tampoco tributan en la región, lo hacen fuera.

c) La Constitución ha creado un modelo de regiones, que no altera el centralismo y que limita las posibilidades ciudadanas y de los pueblos indígenas por incidir en la toma de decisiones.

d) La Constitución ha creado un estado subsidiario que deja en manos del mercado la implementación de derechos económicos, sociales y culturales. En el caso mapuche la factibilidad de resolver casos de reclamaciones de tierras, por ejemplo, depende del precio que estas alcancen en el mercado, ligado al poco presupuesto estatal para asumir este punto trascendental en la demanda mapuche y a la reciente reforma que no permite la compra de tierra “conflictiva”.

e) La Constitución ha creado un Estado que no reconoce la diversidad de pueblos que habitan el país y que los priva de los derechos que les corresponden. Esto es relevante porque aun predomina en la discusión política tradicional la confusión e ignorancia de tratar a Estado y Nación como sinónimos, falta mucho por elevar la discusión en este ámbito. Hay que considerar que en hile existen diversos naciones que están siendo invisibilidades.

Bajo estas críticas es que consideramos nuevas vías para lograr la inclusión y participación que la ciudadanía y el pueblo mapuche necesitan. Primero que todo, dejar establecido que la demanda ya no es sólo reconocimiento constitucional, (la concertación por más que se comprometió nunca la pudo concretar, o no quiso). Se requiere una participación activa en la reestructuración del Estado a través de una Asamblea Constituyente, el cual es un organismo compuesto por miembros elegidos por la misma ciudadanía para dar forma a la organización política de las naciones existentes en el territorio y sancionar (crear y aprobar) su Constitución Política.

En esta asamblea el pueblo Mapuche debería estar representado de manera genérica, proporcional o territorial. Esta participación requiere una movilización previa por el reconocimiento del derecho a conformarla y, a su vez, la conformación de alianzas con otros sectores sociales chilenos y, para el caso de los autonomistas, con regiones que demandan procesos de democratización regional y descentralización, en un programa común que definirá a los actores con los cuales se puede conformar una alianza.[2]

Dentro de este proceso, consideramos como desafío mínimo que una nueva Constitución garantice la inclusión y participación del movimiento mapuche. Para ello, primeramente se debe incorporar: la definición de Chile como Estado Plurinacional-Plurilingüistico, entendida como el proceso para garantizar el ejercicio de plenos derechos de las naciones que pueden existir en un país, como una manera de garantizar el ejercicio del poder y de la territorialidad de los pueblos originarios, en particular a los habitantes de Wallmapu y en donde además se reconozca la multiplicidad de lenguas que existen en el estado chileno, brindando el reconocimiento al mismo nivel que el castellano a, en nuestro caso, el mapuzugun.

La oficialización del mapuzugun en el territorio se enmarca como un proceso principal para generar identidad y ejercicio de autonomía. Ya que la lengua remite a los valores más intangibles de la cultura, a la transmisión de la historia, la religiosidad y la diferenciación del resto de la sociedad nacional.[3] Es un derecho humano fundamental que constituye parte de la identidad colectiva de los pueblos e individual de los sujetos, y que por lo tanto debe poder gozar de todas las condiciones necesarias para su desarrollo en todos los ámbitos y funciones de la vida social. Su importancia recae en que permite mantener la cultura viva en la sociedad y le entrega importancia institucional a la misma. El poder para hacer oficial la lengua está y estuvo al alcance de la autoridad regional y dentro de sus facultades como representante del gobierno en el territorio; esta atribución no se ha querido tomar en cuenta, ya que las presiones de los diferentes grupos económicos dentro de la región son mayores, impidiendo el desarrollo de la sociedad mapuche que exige el reconocimiento de su lengua como puntapié inicial para el reconocimiento de su cultura como nación y parte del territorio.

Como KOM WALLMAPU hemos estado trabajando en la mesa por la oficialización del mapudungun, la cual ha quedado estancada y entrampada en procesos burocráticos sin tener resultados concretos. La máxima autoridad regional, quien en su momento estableció la importancia de trabajar en torno a su oficialización, le falto la voluntad para hacer efectivo el trabajo que se estaba llevando a cabo y con esto dejo pasar un momento clave para el pueblo mapuche y para los habitantes del Wallmapu, quienes constantemente apoyan y adhieren a esta demanda. La oficialización de la lengua hay que verla y plantearla como una oportunidad para el reconocimiento y participación del pueblo Mapuche.

El derecho a la autodeterminación entendido como una fórmula de autonomía territorial y autogobierno que quede enmarcado en un estatuto de autonomía, el cual considere la multiplicidad de culturas que habitan el territorio y las respete como parte de los procesos de toma de decisiones en torno a recursos naturales, la lengua, explotación económica, etc. se requiere un documento institucionalizado que resguarde y legitime la autonomía del territorio y sus habitantes.

Así mismo se requieren Derechos políticos en el marco del Estado, democracia y descentralización regional que incluyan derechos de los pueblos indígenas establecidos en el Convenio 169, como el derecho a ser consultados y participar en la formulación de los planes de desarrollo territorial. Una nueva política de tierras en donde se establezca la necesidad de restituir las tierras usurpadas y el reconocimiento de derechos territoriales ancestrales sobre los recursos naturales. No sirve de nada que Chile haya adscrito a este convenio si no implementa de forma satisfactoria; se dedica a hacer consultas que no son vinculantes en donde se consideran solo aquellas en donde los asistente estaban de acuerdo con los lineamientos del gobierno. Este es un problema central que se tiene con las participaciones ciudadanas, ya que se trasforman en meras consultas que no son vinculante, de esta situación hay que hacerse cargo.

Además, se requiere que la nueva constitución incorpore la participación activa de la mujer en los cambios estructurales del estado. Se vuelve una necesidad constante el reconocimiento a la igualdad de derechos de las mujeres, que seamos consideradas como sujetas activas de la sociedad y por lo tanto, se nos incluya en este proceso. Somos sujetas a diversas formas de discriminación como mujeres, mapuche y joven, siendo este esquema discriminador el que debe romperse para instaurar uno que nos permita un desarrollo pleno quebrando esquemas patriarcales y machistas que en estos momentos persisten. Un paso importante sería la legalización del aborto, visto como un problema de salud pública que afecta a todas las mujeres de forma transversal y no como un tema moral y religioso.

Como actores políticos y sociales activos del Wallmapu, consideramos que el nuevo pacto debería enmarcarse en una Asamblea Constituyente en la cual las demandas mapuches deberían ser abordadas desde la participación activa en la nueva Constitución. Una en la cual se garanticen los derechos de todos los ciudadanos del Wallmapu, Mapuche y chilen@s considerando su complejidad y características diferenciadora. Es así, que con este proceso es posible abordar problemáticas locales desde los territorios, con representantes del mismo. Permitiría grados de autonomía importantes donde el derecho a la autodeterminación se consagre como legitimo a través de un estatuto de autonomía, reconociendo al pueblo mapuche como un actor relevante en el acontecer político nacional y regional.

Como KOM WALLMAPU consideramos que establecer la plurinacionalidad en la nueva constitución debería ser primordial para establecer las ideas descritas anteriormente, consideramos que el mecanismo para hacerlo es a través de la asamblea constituyente, en donde se nos brinde un espacio de participación legitima para establecer los mecanismos para el desarrollo del Wallmapu y sus habitantes. Ningún gobierno ha tenido la intención de establecer la plurinacionalidad y por lo tanto, no han querido reconocer que en este país existe más de una nación, la mapuche, la cual tiene su lengua propia, tiene su cultura, territorio histórico y solicita espacios de participación política legítimos para llevar a adelante la autonomía del mismo. Además, permitiría el avance hacia una descentralización real en la toma de decisiones, que permita al territorio lograr un desarrollo coherente y equilibrado con sus necesidades, recursos y, aún más importante, en manos de sus habitantes. La autodeterminación, como proceso descentralizador, sólo se puede llevar a cabo a través de una Asamblea Constituyente, en donde todos los actores del Wallmapu puedan tener una participación activa y donde el pueblo mapuche pueda dar respuesta legitima a sus demandas.

La crisis de credibilidad de la política y los partidos políticos tradicionales ha impulsado a generar una 3° fuerza en donde hagamos propio los temas territoriales y podamos abordarlos desde la región. Entendido como un proceso en miras de buscar la descentralización de las decisiones. Ante esta crisis, es que proyectos políticos como Wallmapuwen se hacen importantes, como un mecanismo para ejercer ciudadanía desde adentro del sistema responsable y consecuente con los principios y con las problemáticas del Wallmapu y sus habitantes, no solo como una búsqueda de poder sino como una forma de generar autonomía en la toma de decisiones y hacernos parte de la política tomando nuestras propias decisiones.

[1]Mariman, P. 2014.
[2]Cañet, I. 2015.
[3](Hirsch et all, 2006).

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